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"Los Municipios y el Combate
a la Pobreza en Centroamérica"
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| David
Valenzuela, Presidente, Fundación Inter Americana |
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Hablaré sobre la relación entre una buena gestión de gobierno local y la construcción de una nueva sociedad con menos pobres, con valores solidarios y con mayor oportunidad para satisfacer las necesidades físicas y espirituales de las personas, que es el derecho de todo ser humano. La historia presenta momentos o ventanas de oportunidad para romper esquemas y lograr nuevos paradigmas. Creo que vivimos uno de esos momentos, gracias a los incipientes procesos de democratización, las reformas económicas y la lucha por establecer un estado de derecho. Sin embargo, la apertura democrática y los incipientes procesos de descentralización de los últimos quince años están en una encrucijada. Pueden, por un lado, profundizarse para convertirse en verdaderas democracias modernas, incluyentes y participativas. O por otro lado, si no desarrollamos una verdadera práctica democrática y hacemos un real esfuerzo por combatir el flagelo de la pobreza y la exclusión, corremos el grave riesgo de hacer crecer la frustración de la población y abatir su esperanza de que la democracia constituye una camino capaz de ofrecer una vida mejor. La ventana de la historia se puede cerrar y los espectros del autoritarismo o el populismo irresponsable pueden reaparecer. Si ésto sucede, pueden pasar varias generaciones antes de que se abra nuevamente una ventana similar de oportunidad. Entretanto, la posibilidad de una vida mejor para la mayoría de las personas en América Latina se verá nuevamente postergada para ésta y la futuras generaciones. Muchos expertos ya reconocen que un buen manejo macroeconómico y la magia del mercado, por sí solos, no son una solución a los problemas de la pobreza. Ni tampoco lo es la expectativa de la globalización, que genera ganadores y perdedores, con el resultado de que muchos pobres ahora son más pobres y otros que creían haber superado a la pobreza han vuelto a ser pobres. El gran reto de la globalización no es cómo frenarla o revertirla, sino que el reto de la globalización es cómo extender sus beneficios a toda la sociedad. A mi modo de ver, este es el gran desafío del desarrollo local. Sin desarrollo local, la globalización sólo acrecienta la brecha entre ricos y pobres, entre ganadores y perdedores en la carrera universal. Ya
tenemos indicios en algunos países de que el tiempo se acaba y
la ventana comienza a cerrarse. Como todos sabemos, hay muchos obstáculos
en el camino del desarrollo: el peso de la deuda; los malos términos
del intercambio comercial; la baja cotización mundial de muchos
productos básicos de los países en desarrollo, como el café;
la debilidad de las instituciones, como el poder judicial; el desprestigio
de los partidos políticos; el flagelo de la corrupción que
es un cáncer que corroe todo; los bajos niveles educativos de la
población; la falta de trabajo; y mucho más. Sabemos que en los países más avanzados el gobierno local cuenta con un alto porcentaje del producto bruto nacional, mientras que en América Latina los gobiernos locales apenas pueden aspirar a un pequeño porcentaje del presupuesto nacional. En Suecia, por ejemplo: los presupuestos municipales representan casi el 20 por ciento del ingreso nacional, mientras que el gobierno central sólo maneja el nueve por ciento. En América Latina, ésta situación tiene que cambiar urgentemente. Mientras
tanto, ¿qué podemos hacer? la respuesta es: que podemos
hacer mucho. De hecho, los pasos más importantes para construir
una democracia participativa y comenzar a atender los problemas prioritarios
de las personas no dependen del dinero. El paso más importante
para iniciar un proceso de desarrollo viene de adentro, del corazón
y del convencimiento o la convicción de que una localidad puede
convertirse, por sus propios esfuerzos, en protagonista de su desarrollo.
Un paso importante para iniciar este proceso es la necesidad de desarrollar
una nueva relación entre el gobierno municipal y la sociedad civil
para encarar, juntos, los problemas locales y buscar soluciones que representen
las prioridades de la gente. Lo
curioso es que cuando ésto ocurre, comienzan a abrirse nuevas puertas
que pueden aceleran el cambio. Unos meses atrás, he tenido el privilegio
de visitar el Municipio de Cuquío en el Estado de Jalisco, México;
con 20,000 personas y localizado aproximadamente a dos horas de Guadalajara,
Cuquío es considerado uno de los municipios más pobres del
Estado. Hoy, Cuquío vibra con esperanza. Uno por uno, los diez
coordinadores zonales del Consejo de Desarrollo Municipal (CODEMUC) me
relataron sus logros recientes: agua potable, caminos nuevos, crédito
para la producción, micro empresas, organizaciones de mujeres y
jóvenes, una cooperativa de consumo, nuevos canales de comercialización,
importación directa de insumos y mucho más. Pero lo más
importante que ha logrado Cuquío es una nueva visión de
futuro y un sentido de que están progresando juntos. ·
un gobierno municipal democrático y abierto al diálogo con
la ciudadanía. Represento
una organización que se llama Fundación Interamericana y
que lleva más de 30 años apoyando esfuerzos de auto gestión
y auto ayuda en América Latina y el Caribe. En estos años
hemos aportado pequeños recursos para motivar y dar fuerza y vida
a las ideas y los sueños de grupos marginados. Nuestro aporte es
insignificante en comparación con los aportes y los esfuerzos de
nuestros beneficiarios. Esta experiencia nos ha llevado a respetar profundamente
la capacidad de las personas y de las organizaciones populares de encontrar
solución a sus problemas por medio de sus propios esfuerzos. Entre
los más de 4300 proyectos que hemos apoyado, se encuentran algunos
fracasos, pero incontables casos de éxito. En Cuquío, nos
encontramos con el ejemplo de una de las organizaciones sociales de la
comunidad. Me refiero a la Organización de Campesinos Independientes
de Jalisco (OCIJ), una asociación de casi mil productores de maíz
del municipio que logró triplicar en tres años su producción
y ha formado su propio fondo de garantía para acceder al crédito.
En toda América Latina existen numerosos ejemplos de lo que pueden
lograr las personas con voluntad, trabajo, buena organización y
participación amplia. Mis años de contacto con organizaciones comunitarias, gremios, asociaciones civiles, organizaciones sin fines de lucro, cooperativas, grupos de empresarios, y las otras múltiples expresiones de la sociedad civil me dan la confianza para decir que las personas, convertidas en ciudadanas comprometidas con su comunidad y su entorno, son los poderosos aliados de los gobiernos locales que potencian una buena gestión local y que son capaces de transformar localidades. En la ciudad de Tupalo en el Estado de Mississippi, una de las localidades más pobres de los Estados Unidos. Las autoridades locales y los líderes cívicos de la comunidad se reunieron un día y resolvieron encarar sus problemas y construir un futuro mejor para sus nuevas generaciones. Hoy, hay una lista de espera de empresas que quisieran instalar sus fábricas en Tupalo, atraídos por la oferta de una comunidad acogedora, excelentes servicios sociales, seguridad pública, una fuerza laboral preparada, y un gobierno local facilitador. La construcción del nuevo Tupalo fue el resultado de la acción premeditada de las fuerzas vivas de la comunidad que buscaban salir de su atraso para ofrecer un futuro mejor a su comunidad. Hoy, Tupalo es considerado como modelo de gestión local y buena gobernabilidad. El gobierno municipal debe ser el gran propulsor del desarrollo local. Sin embargo, se requiere de un liderazgo diferente al tradicional. La tradición autoritaria y el caciquismo no son compatibles con el desarrollo local. Los nuevos líderes deben ser alcaldesas y alcaldes con vocación de promotores y facilitadores de la concertación de los ciudadanos; deben ayudar a sanar las brechas de desconfianza y los recelos que separan a muchas comunidades para buscar aunar esfuerzos en busca del bien común. El éxito de los nuevos líderes locales no viene porque saben mandar y ejecutar obras, sino porque saben escuchar y forjar consensos; saben movilizar la participación, el compromiso, el trabajo y los recursos de la localidad. La excusa más frecuente que ofrecen los gobiernos centrales por no transferir mayores recursos y funciones a los gobiernos locales es que no son capaces. Este es un gran mito. Tengo la confianza de que una nueva ronda de descentralización tendrá lugar si los gobiernos locales comienzan a actuar y a demostrar que sí son capaces de reducir la pobreza con la acción de sus ciudadanos y que están sentando las bases para una verdadera democracia participativa. |